ROSA MARÍA LOBO

- Biografía -

Rosa María Lobo (Maya), cantante por obra y gracia de la naturaleza, viene mejor decirlo así, ajusta más que si pusiera cantante de profesión, pues cuando se la escucha no quedan dudas que nació para esto, para cantar… o podría escribir también, Rosa María Lobo cantante inobjetable, se le ha llamado de múltiples formas a la hora de definirla: La gran voz de Asturias, La voz de la mina, La voz de hierba y agua, La voz de cristal o El ángel que canta… hay en estas definiciones un poco de ese todo que ella como artista es.

Nació en Boo, población perteneciente al concejo asturiano de Aller en la primavera de 1945, un 10 de abril, en una familia de personas aficionadas a la música. Fue recibida con música y ella traía la suya, su padre tocaba la guitarra y su madre cantaba. Pronto ella y sus hermanos se sumaron a la sonora tertulia casera; ella, la segunda de los tres hijos, se lo tomó a pecho y fue así que a su llegada al colegio Santo Ángel de Oviedo, en el que permaneció internada durante nueve años, solamente bastó que la escuchara la monja encargada del área de música, para que de inmediato la hiciera voz solista del coro. Se preparó concienzudamente, aprendiéndose todo las piezas del litúrgico cancionero y en las vacaciones, en la radio de casa, las tonadillas de Lola Flores, Carmen Sevilla y Concha Piquer. Le encantaba la copla y se le daba muy bien, tenía claro, como pocos a su edad, que iba a dedicar su vida al canto. Salió de allí al inicio de la década de los sesenta, con la certeza de que su futuro estaba en la música. Tiempos difíciles para una joven que quisiera hacer carrera y destacar entre ese enorme contingente de voluntarios que en España se alistó para poner patas arriba el establecimiento musical y social. Fueron muchos los que escucharon y atendieron el llamado del nuevo tiempo, todos con enorme calidad, la historia vendría a demostrarlo luego, la pequeña Rosa Mari entre ellos, como bien la describiría años más tarde un diario para exaltar su inmensas dotes vocales “una voz entre mil”… difícil, muy difícil, cuando en el anonimato una voz resulta ser tan diferente a las otras puede resultar riesgosa la apuesta, uno a mil, más tenía con qué llegar, esa diferencia contaba a su favor, ella lo sabía, era cuestión de que se enteraran otros.

Había que prepararse, Fe Requejo, profesora de canto, tan joven como ella, aportó sus conocimientos, haciéndole partituras y entradas para su repertorio, así como ejercicios para afianzar la natural modulación vocal que ya tenía, y a la par de esto empezar desde ya a ejercer. Como flamante profesional autotitulada debería hacer las voluntarias y muy necesarias prácticas rurales de rigor, los fines de semana cantaba por toda Asturias en cuantos festivales de parroquias y cines, hubiese. Aún no llegaba el tiempo de material inédito y suplía esa carencia con canciones populares como “Pregúntale a las estrellas”, “Martín tenía un violín” y “Moliendo café”.

 

En esos primeros pasos su padre hacía de mánager, con las ganancias iniciales le compraba ropa para actuar y la llevaba y traía en taxi. Armó distintos equipos de trabajo, los dos de mayor recordación fueron el Trío Primavera junto a sus amigas de infancia, Teresa Ochoa y Lola Suárez y después Rosamari y sus 2+2, agrupación ésta última, que hasta el día de hoy sigue vigente, dando conciertos por toda Asturias. Huelga decir que, si de toda esa camada de incipientes artistas asturianos y españoles algunos se consolidaron al punto de hoy por hoy ser, cuando no figurones sí al menos recordados, también fueron muchos los que se quedaron por el camino. No fue el caso de la pequeña Rosa Mari que poniéndose al frente, en la avanzada de la juvenil y desenfadada horda, se tomó por asalto los eventos y concursos que las emisoras de radio ofrecían a los noveles artistas y los hizo su vitrina y plataforma de lanzamiento. Era un gallardo cruce de lanzas con otros aspirantes, pero pese a los amables y entretenidas que para el público resultan tales lides, son también implacables triunfadoras de los sueños de muchos. Ella, tan graciosamente como se desliza el agua por los dientes de un molino, pasó todas las pruebas a las que se presentó con los máximos honores.

En 1964 agrega a su nombre de pila el segundo apellido de su padre para presentarse como Rosa María Patallo al concurso “Rumbo a la gloria”, evento organizado por la emisora de radio “La voz del Principado”, y ganó en las dos modalidades en las que se inscribió: canción española y canción ligera. Al siguiente año, el concurso se realizó entre los campeones de las ediciones anteriores y vuelve a ganarlo. Por la misma época triunfa en el festival artístico de otoño que se celebraba en el teatro Capitol de Mieres.

Su voz ya es reconocida en todo el Principado, hecho que origina su primera producción discográfica que llevó por título “Rosa Mar”, por abreviatura de su nombre, publicándose ese mismo año con la casa disquera Sesión; son cuatro canciones del compositor Antonio Segovia: “Cumbia morena”, “Con el bongó”, “Con una mirada en el cielo” y “Por pura casualidad”. Fueron temas que sonaron fuerte en las emisoras asturianas confirmándola como nueva figura de la canción.

En 1966 graba otro disco E.P. Esta vez es un encargo particular, más no por ello deja de tener repercusión este hecho; las canciones contenidas en este disco son: “Cuando más te alejas”, “Guardo el secreto”, “Asturias mía” y “Brasilia mía”.

Ya Asturias empieza a quedarle pequeña para su inconmensurable talento y deseos de hacerse a un sitial propio dentro del mundo musical español. Es hora de dar su siguiente paso, uno más grande. Se va a Madrid a probar suerte en un certamen de índole nacional, se trata de la versión del año 66 de “Salto a la fama”, por ese entonces, el más prestigioso concurso para nuevos artistas, organizado por cadena SER y presentado por José Luís Pécker, en ese momento gran figura de la radio en España. Obtiene un clamoroso triunfo, ganando en las dos categorías en las que participó: canción española y canción ligera.

Luego de la resonante victoria en Madrid y ya en 1967, participa en el festival de la canción de Eo, en la localidad de Vegadeo, donde también resulta victoriosa con la pieza “No me digas adiós”, compuesta por Falo Moro, venciendo a Massiel –futura triunfadora en Eurovisión- y a Juan Erasmo Mochi que, siete años después, se alzaría con el triunfo en el festival de Benidorm.

Con tan buenos resultados decide establecer huestes en Madrid, participa en programas de radio, donde se vuelve figura familiar y hace sus primeras apariciones en televisión.

Antonio Machín, el legendario cantante, compositor y director de orquesta cubano, autor de la célebre canción “Angelitos Negros” la escucha en la radio y se presenta un día en la emisora ofreciéndole un contrato como primera voz en su compañía de variedades, de Machín dirá luego ella que fue de quien más aprendió los secretos de la profesión. Fueron sus primeras giras por toda la península. Permanece al lado de Machín casi todo el año 67 y a su regreso a Madrid en el 68 es contactada por el director de la casa disquera R.C.A, quien le ofrece grabar un disco. Propuesta que acepta. Dicho señor le sugiere el nombre artístico de Maya, por sonoridad y connotación indigenista americana y con él la inscribe en el festival de la canción de Benidorm, que para esa edición presenta una nómina de lujo entre participantes e invitados, tanto así que históricamente el festival de ese año es uno de los más recordados. Son muchas las celebridades que se hicieron presentes y otros que se harían famosos después y van ya como concursantes, ya como invitados: Elsa Baeza, Los Payos, Los Gritos con Manolo Galván, el Dúo Dinámico, Pedrito Rico… Massiel -ganadora continental de Eurovisión-, celebra su gran triunfo amenizando la segunda de las tres noches que duró el concurso; en la primera lo harían Los Bravos con Mike Kennedy y la tercera correrá por cuenta de Los Pekenikes. Tanta lumbrera le dará muy buena iluminación al escenario para que una desenfadada Maya vuelva a sentar cátedra de buen cantar, permaneciendo casi siempre a la cabeza del escrutinio de votos y en una final de foto finish ocupará el segundo puesto, a sólo un punto de Julio Iglesias que con su tema “La vida sigue igual” daba inicio a su rutilante carrera. No obtiene el primer lugar, mas sí que fue cuantioso el botín, además del segundo puesto, premio de la prensa a la mejor interpretación y premio del jurado a la mejor letra de las canciones puestas a concurso. Ya Maya surfea con mucha gracia en las olas más grandes del mar de la música española.

Su primer trabajo discográfico con R.C.A. es un sencillo que además del ya mencionado tema “La tarde”, incluye “Guitarra, dímelo tú” canción que marca el inicio de la profunda relación musical con Atahualpa Yupanqui, hecho que se concretará en sus otras dos producciones de ese año; en primera instancia un single que contiene “Indiecito dormido” y “Huella huellita” y luego un E.P. al que, adiciona a las anteriores canciones en mención, “El arriero” y “Caminito del indio”. La crítica musical reacciona favorablemente, el público igual, Maya ya es una figura reconocida y muy respetada en el medio, ha conquistado a Madrid, haciendo de esta ciudad su cuartel general, se proyecta a toda la nación española y alterna sus apariciones en radio y televisión con giras por diferentes ciudades.

En 1969 saca al mercado el sencillo “Por amor / Canción minera”. La primera, un cover de la, desde entonces, clásica balada compuesta por el maestro dominicano Rafael Solano, por tal razón se da el primero de sus viajes al extranjero y tiene como destino precisamente la República Dominicana, donde hace programas promocionales para radio y televisión. La segunda canción del single es un poema escrito por Mauro Muñiz y musicalizado por la misma Maya, que empieza a perfilar su vocación de exaltar en canciones la penosa labor de los hombres de la cuenca minera asturiana. Lo anuncia en las entrevistas que da: sus intenciones son hacerse intérprete de tópicos sociales; será éste el primero de sus cantos al socavón; a donde quiera vaya, su público sabrá que es hija y nieta de mineros.

Se vuelve a meter al estudio de grabación y produce su primer gran álbum, con canciones todas de autoría de Atahualpa Yupanqui, se da por este motivo el primero de varios encuentros personales entre Maya y el viejo payador gaucho. De ella, de la gran voz de Asturias, como entonces dieron en llamarla lo medios de comunicación, Yupanqui declararía que la consideraba la mejor de sus intérpretes. Maya descubre a Yupanqui a través de unos discos que le puso a sonar su gran amigo, el director de cine asturiano Pedro Mario Herrero. Fue amor a primera oída, y, más que la vocera, se hizo la propia voz de Yupanqui, así como sentía él, esa voz al escribir sus canciones, era ella el ulular del viento andino, envolviendo con su manta de frío el sueño del indio… Chuy, chuy. Nadie mejor que la propia artista para definir esta simbiótica relación “Las canciones de Yupanqui han cumplido una etapa muy importante en mi vida, el día que las encontré me encontré a mí misma, creo que este encuentro es una de las supremas aspiraciones en la vida, desde ese momento me siento con fe para emprender con decisión mi propio camino

Hacer un análisis de las canciones de Atahualpa en la voz de Maya es tan complejo como intentar descifrar el secreto de él al momento de crearlas; no hay secreto, el viento no tiene secretos ni la tierra o el sueño y el frío. Esta obra no es nada más que un manso y traslúcido río en el que medran los sentimientos como pececitos de colores.

Concluyamos diciendo que este disco quedó para la historia de la carrera musical de la artista asturiana, como referente obligado para entender que su quehacer musical ha estado siempre por encima de las estrategias de mercado, tendencias y modas imperantes: canta porque quiere y canta lo que le dicta el sentimiento.

En 1970, participa en el selectivo a Eurovisión, España busca su representante al festival continental, el evento tiene lugar en febrero, en el Palau Nacional en Barcelona y se dan cita en él varios de los más grandes artistas del momento, hubo una previa decantación del grupo de diez canciones finalistas, como era práctica en aquella época en festivales como San Remo o Benidorm, cada canción se presentaba en versión masculina y femenina. Maya participa defendiendo la canción de autoría de un viejo conocido suyo; el periodista y presentador José Luis Pécker, el cantante compañero de fórmula es Jaime Morey, el tema se titula “De pronto tú” y será incluido en su siguiente álbum que grabará Maya ese mismo año para la R.C.A. Se queda Nino Bravo entre los que se recuerda que no pasaron el corte, la doble decena de finalistas es buena y rica en nombres: un incipiente grupo Mocedades que tanto dará que hablar después, el panameño Basilio, Los Valldemosa, Cristina, Rosalía, Donna Hightower, Rosy Armen, Morey y los repitentes de la final en Benidorm Manolo Galván, Julio Iglesias y Maya. Gana de nuevo Julio Iglesias con la canción Gwendoline compuesta por él mismo, nada que hacer, como siempre lo ha reconocido Rosa María, en el par de festivales donde se enfrentaron, el llevaba las mejores canciones y por eso ganó. Rosa María recuerda con mucho cariño las emocionadas palabras que le dio Julio una vez conocido el fallo del jurado: “¡Mayita! Maya, que suerte me das siempre que estamos juntos, mira que gano yo, tenemos que estar juntos por la suerte que me das, si vamos a otro festival tendremos que estar juntos”.

Liberada ya de la presión que tiene un nuevo artista de demostrar sus dotes y valía, selecciona repertorio para su nuevo trabajo discográfico, lo hace a placer y es muy bueno su gusto a la hora de escoger autores; grandes artífices de la palabra en verso como Pablo Neruda, Alfredo Zitarrosa, Rafael Hernández y Mauro Muñiz, entre otros, se hacen presentes para dar forma a un álbum, delicado e íntimo que desde la tersura de su voz reivindica el valor de las cosas simples; hay una canción maravillosa que ilumina, y por sí sola le da razón a todo el disco, y ésta es “Lavan las mozas” cuya autoría pertenece al periodista Tomás Melgar, en ella Maya prodiga con generosidad toda la riqueza y dulzura de su voz, se la siente cristalina y acariciante al oído; es como el agua del río entre las manos de esas mujeres que a diario salen a hacer la vida, a lavarla de las suciedades y tristezas que quedan tras los días usados. Pero hay más, así como se detiene en la importancia de las pequeñas cosas también en “Arriba en la cordillera” canción compuesta por el chileno Patricio Manns, aborda desde la más alta cima lírico-poética, temas sociales, visiones de mundo distintas a las tradicionales verdades unidireccionales, traspasa el alambrado para mostrarnos como se ven las cosas desde los ojos de la hija de un cuatrero matado por “las autoridades” y ocultado luego su cadáver; es melancólica esta canción y de una suavidad contundente como denuncia. Maya toma distancia así de otros artistas; no se enfoca en grandes problemas del mundo, sino que se hace juglar de esas solitarias situaciones que sólo importan a quienes las padecen en carne propia, Ya en la pequeña y dulce asturianita ha madurado la artista que nació con ella, y más que una forma de cantar o un estilo proyecta el alma, es un mundo propio, son los sueños de Maya, anunciados desde las canciones de Yupanqui y ratificados en este álbum que justamente lleva su nombre: “Maya”

Pasará ese final de año en giras y presentaciones en radio y televisión, al inicio de 1971 empieza a aquejarle un dolor en el abdomen, un chequeo médico pone de manifiesto que padece apendicitis, lo que se presumía, sería una parada rápida en giras y conciertos se convierte en la primera de las durísimas pruebas que le pondrá la vida enfrente. Una intervención quirúrgica mal practicada le perfora una parte del intestino y lo que en casos normales no pasaría de unas semanas de convalecencia desencadena una peritonitis aguda que pondrá en riesgo su vida, al punto tal de estar por breves instantes clínicamente muerta. Tras nuevas intervenciones y cuatro transfusiones de sangre logra recuperarse y volver varios meses después a la actividad artística, pero queda su hígado seriamente afectado, pues como se comprobará dos décadas más tarde, en una de las transfusiones, la sangre estaba contaminada con hepatitis C.

 En 1972, dos hechos marcan nuevos derroteros en su vida personal y artística: contrae matrimonio con el ciudadano dominicano Luis José León a quien meses atrás había conocido en el restaurante Tranquilino de Madrid, lugar donde se presenta habitualmente alternando con artistas como Alberto Cortéz, Betty Missiego y Carlos Acuña. Tras la culminación de su contrato con R.C.A. es reclamada por el sello fonográfico Hispavox, inicia esta nueva etapa musical con pie derecho, a manera de presentación y por recomendación de Waldo de los Ríos y bajo su dirección graba “Estaré” canción original del compositor norteamericano Randy Newman, vertida al idioma español en versión libre por la propia Maya. Todo un acierto; la intuición del gran arreglista argentino funciona de manera perfecta, la pieza en mención es una delicia, atractiva al oído y al espíritu, rica en sentimiento vocal e instrumental, un llamado a la emoción. El single por el reverso presenta “Tu voz” canción compuesta por la propia Maya en coautoría con Mauro Muñiz que hace magnifico el par.

Permanecerá en Hispavox durante gran parte de la década grabando varios álbumes de lujo. Es ya una artista que en el argot discográfico de ese entonces llamaban “De catálogo”, título muy respetable, algo así como la vajilla de porcelana que se saca a relucir siempre que hay convites con invitados especiales. Tanto para Hispavox como para Maya y su público, es un buen acuerdo, ella aporta canciones populares, de profundo pero muy delicado contenido social y la disquera pone a su servicio toda una filarmónica que desde la dirección y producción de genios como Waldo de los Ríos y el italiano Rafael Trabuchelli, darán a luz seis discos sencillos y dos álbumes rotundos en cuanto a intención y decantación de lo que Rosa María García Lobo (Maya) quiso para sí como artista, cantando solamente aquello con lo que se identifica y sólo con eso llegar al corazón de sus seguidores. Y a fe que lo consigue. La voz de la mina se torna familiar y grata a quienes la escuchan, se trataba de eso justamente, de mostrarle a propios y extraños que el arte cuando es genuino no tiene limitaciones geográficas ni estratos sociales, el de Maya lo es y como aire fresco, entra lo mismo en la casa de un minero, como la sala de un ejecutivo madrileño.

Hagamos un recuento y descripción de su producción musical de esos años.

En la primera mitad de 1973 saca al mercado un sencillo con “Vendiste el pelo” una canción bellamente insólita creada por Mauro Muñiz y Maya, y que al modo de ver de quien esto escribe, en letra y melodía acentúa maravillosamente todo lo juglaresco que hay en la balada española, haciéndola tan particular con relación a la italiana, francesa o latinoamericana, mostrando de paso la naturalidad con la que puede ir de un género musical a otro. “Vámonos del valle” complementa esta producción que sirve de abrebocas al primero de los dos L.P’s que graba con Hispavox, titulado “Mis amistades”, esta producción contiene dos temás clásicos del folclor suramericano: “El día que me quieras” y “Alfonsina y el mar” que ratifican lo expresado anteriormente. A Maya le viene bien cualquier canción siempre y cuando le guste, parecería esto que digo una perogrullada, no creo que lo sea cuando recuerdo a tantos artistas que gustándoles una canción no pueden con ella a la hora de interpretarla. Bien, pues a los dos temas en mención les calza perfecto la voz de Maya, deliciosos al gusto del más exigente melómano. Dejé para el final de la reseña sobre este disco el tema “Uno se pasa la vida” compuesto por la propia Maya que además de encarnar el llamado a los valores esenciales, que hacían los jóvenes de la época, describe muy bien de manera autobiográfica su visión de las cosas y que en ella no va eso de pasarse la vida especulando desde las proyecciones de mundos a futuro, lo que sueña lo vive; ella es su música, sus interpretaciones y creaciones musicales y las hace discos y presentaciones. En eso se pasa la vida Maya, en la España de los años setenta.

1974 le depara dos grandes satisfacciones, la primera de ellas es un disco con dos canciones estupendas y muy distintas una de la otra. Por primera vez lleva al vinilo “Pregúntale a las estrellas” que aunque siempre estuvo en el repertorio empleado en sus actuaciones, no es conocida por el público que compra sus grabaciones, en ella Maya nos regala con su faceta más romántica, que dará pie a que muchos consideren que es la casilla que mejor le viene dentro de la oferta musical y visto así tal vez no les falte razón, igual cosa pudieran pensar quienes de acuerdo a sus gustos la ven como una intérprete de copla o los partidarios de la canción social, en fin, Maya es todo eso y más como veremos a continuación, cuando abordemos la canción de la cara B, sin embargo es tan fuerte la impronta que como baladista romántica deja con este tema, que buena parte de sus grabaciones futuras estarán dedicadas a canciones de esta línea. En dicho lado B publica “Serenata para la tierra de uno”. No creo que quienes propugnaron por hacer de ella una baladista estrictamente romántica siguieran tan seguros luego de escuchar esta pieza tan exuberante en contenido y sentimiento, tan rica en lírica, melodía y arreglos orquestales. En ella, Maya nos lleva de un lugar a otro por la tierra de su música, es un recorrido de tres minutos y cuarenta y cinco segundos, colmado de inefable emoción. Muchas veces me he preguntado que es “Serenata para la tierra de uno” en la versión de Maya ¿Una balada romántica? ¿Una oda a la tierra como inútilmente pretendió sintetizarla en un titulo su autora, María Elena Walsh? ¿La canción de una despedida en una película por el corte de Casablanca? Es todas esas posibilidades de interpretación, cabe en todas estas acepciones, vaya complicación que resulta intentar definir algo cuando es bello.

Su otra gran satisfacción, la mayor, es el nacimiento de su primer hijo Juan Luis, el feliz acontecimiento se da el veinte de noviembre y cierra con broche de oro un año pleno a nivel personal y artístico.

Como antesala a lo que será su siguiente larga duración, en 1975 graba un single con las obras “Rio de ausencia”, un tema suramericano escrito por el renombrado Cholo Aguirre y la balada “Cuando se está enamorado”.

1976, es otro gran año para Maya como persona y como artista, pues nace Manuel, el segundo de sus hijos y lanza al mercado el anunciado nuevo LP con Hispavox , en el que nos obsequia una nueva y lozana flor dentro de su gran ramillete de posibilidades sonoras: “Luna llena estival” creación del chileno Sergio Solar que marca el regreso de Maya a las canciones tropicales (cabe recordar que al inicio de su carrera incluyó en su primera producción discográfica una tema de este género titulado “Cumbia morena”), la canción rápidamente escala puestos dentro de las más sonadas en las estaciones de radio. En Guatemala cala en el gusto popular “Mi cuatro” y por tal razón es llamada a ese país a hacer presentaciones en radio y televisión.

Mas aunque ahora sea mayor el equipaje, es fiel a sus postulados; a donde quiera vaya, va su esencia musical, la saca a relucir en canciones como “Pal que se va”, compuesta por Alfredo Zitarrosa: “No te olvides del pueblo si te vas pa’ la ciudad, cuanti más lejos te vayas, más te tenés que acordar” Es una juglar libre de diatribas, fiel solamente al compromiso consigo misma. En su voz y cantos está la naturaleza de los pájaros, es ajena al rigor de las militancias políticas preestablecidas, aun en la denuncia su música está exenta de juicios, siendo una cantante de profunda raigambre social va por el centro del sendero, su concepto es el sentimiento, no cojea en su andadura musical, porque entiende que el pensamiento ajeno o per sé, condiciona y sesga. No es abanderada de las comunes causas ideológicas; desde su ejemplo da un rotundo mentís a quienes creen que los juglares modernos han de ser patrimonio de la izquierda política; ni de derechas ni de izquierdas, Maya no se va de lado porque conoce que los pueblos y sus canciones, como la naturaleza misma, nada saben de fronteras geográficas o políticas y en su sentimiento están finamente entrelazadas en amorosa simbiosis su cuenca minera asturiana con una pampa argentina o una playa colombiana. Es a la vida a la que le canta; no hace oportunista panfleto de los dolores e iniquidades humanos. La sencillez y humildad de los cantos populares en su voz así lo demuestran “Tu olvido” “Guitarrero viejo”, “Resolana”, “Señora María Rosa”

Entre los años 77 y 78 graba dos sencillos más para Hispavox, los últimos con esta discográfica, que con canciones como “Panzón panzudo”, “Volver al vino” y “Morenita de mi alma” ratifican lo expresado anteriormente y a manera de premonitoria guinda regala a su tierra con “Asturias, patria querida” cuando aún no era el himno oficial, con un anexo de nuevos versos escrito por el periodista Manuel Martín Ferrand, tristemente desaparecido el 30 de agosto de 2013, precisamente mientras escribía estas líneas, amigo y contertulio suyo desde su llegada a Madrid.

Ya hacia el final del decenio, al fichar para la casa disquera Zafiro, la gran voz de Asturias; la cantante que quiso para su compañía de variedades Antonio Machín; la intérprete preferida de Yupanqui, en uso de su nombre de pila, al que adiciona el apellido materno, nos da de su cosecha artística uno de sus más dulces y jugosos frutos, al grabar un álbum fantástico titulado “Rosa María Lobo” en el que sin perder un ápice de su vocación folk, despliega al tiempo lo más romántico de su esencia vocal. A destacar todo: canciones, interpretación, compositores y arreglistas. Este trabajo en los créditos lleva nombres ilustres como Juan Carlos Calderón, Agustín Serrano, Rafael Ferro y Eduardo Leyva en los arreglos, y en la composición Herreros & Armenteros, la propia Rosa María y José Luis Moreno Recuero.

“Alma de Gaviota” la catapulta al cielo de las cantantes románticas en España y Latinoamérica. Una balada bella por donde se le mire; rica en letra y melodía, una historia de amor que en la interpretación de Rosa María alcanza el techo azul del mundo. Y hay más. En la siembra de melodiosas estrellas planta como un beso la delicadísima “Dejó volar sus manos sobre mí”, un manantial de agradecida evocación al amor perdido pero tan intensamente vivido, una intrusión del oyente en la recámara de una mujer enamorada y sola que está cantando ausencias, dan ganas de quedarse para siempre en ese nido tan cálidamente vacío.

Oídas éstas, resulta inevitable no seguir escuchando, lo dicho; hay más: “Cuando tu amor se vaya” y “Al atardecer”, mantienen el ambiente nostálgico e intimista que nos desliza de manera imperceptible a bucólicas juglarías como “La sombra de un olivo”, “El Barquero”, “la Boda”, “No cantes marinero” y “Mi corazón se asoma al mediterráneo”. Sin duda todo un acierto en equilibrio y musicalidad.

Hacia finales de ese año y paralelo a la participación de la artista en el festival internacional de la canción OTI, (hecho al que a más adelante nos referiremos) se lanza al mercado un sencillo titulado “Viviré” que por la otra cara presenta “La boda” este título y portada serán los mismos para el long play que saldrá al mercado en 1980, en cuyo contenido permanecen nueve de las diez canciones del L.P. anterior, es decir del llamado “Rosa María Lobo”, excluyéndose “La sombra de un olivo” para dar entrada a “Viviré”.

En aras de hacer claridad, entre discos y títulos, es bueno decir que en la portada del primer larga duración de la artista de Asturias para el sello discográfico Zafiro, titulada “Rosa María Lobo” (1979) se la ve en una playa, con el Mar Mediterráneo en fondo y en “Viviré” que es el nombre del single (también del 79) y subsiguiente L.P, (ya en el año 80) nos la muestra vestida con una blusa blanca y larga de mangas blondas, en una pose entre audaz y desafiante, sobre un fondo de color rojo. Y al respecto, de mi coleto agrego, que fue otro punto a favor, esta vez para los creativos de su casa discográfica, pues es quizás, dentro de todas sus portadas, la de mayor recordación, aunque no ha de faltar quien al respecto opine que esto se pudiera deber al formidable impacto del tema “Viviré”, que, junto a su participación en el festival de la canción OTI, posibilita que sea conocida en Portugal, Brasil, toda Latinoamérica y la comunidad hispanohablante de los EE. UU.

Ha llegado por tanto el momento de hablar del festival OTI y de la canción “Viviré”:

Corre el año 79, España, haciendo una de sus más fuertes apuestas, vuelve a concursar en el festival de la canción OTI que para esta ocasión se realiza en Caracas, Venezuela. Para tal cometido envía en su representación a una Rosa María Lobo ya fogueada en decenas de lides festivaleras, dándole como credencial de presentación ante sus pares hispanoamericanos una canción que para entendidos y profanos es toda una alhaja: “Viviré”, de autoría de José Luis Moreno Recuero, Pablo Herrero y José Luis Armenteros, Rosa María recuerda que no hubo ninguna duda al momento de ser seleccionada por Televisión Española esta canción y que luego, ya en Caracas, durante los ensayos y escuchadas todas las que estaban en competencia, entre los participantes era voz consensuada que la suya era de las mejores. Sin embargo para desilusión de muchos no fue la ganadora.

En aras de escribir aquí la verdad y así como quedó para la historia el resultado final y sin ánimo de cuestionarlo, es bueno tener en cuenta algunos sucesos, llamémosle curiosos, que se dieron durante el certamen y sin entrar a afirmar que pudieran haber determinado el resultado, cabe bien anotarlos por el simple hecho de que ocurrieron.

En los días que antecedieron a la final los organizadores del festival determinaron que José Luís Rodríguez “El Puma”, por entonces en la cima de de la popularidad, se presentaría al cierre del evento y que para hacer más glamorosa su actuación los participantes deberían hacerle coros. La representante puertorriqueña Ednita Nazario y algunos de sus allegados mostraron su inconformidad a la que se sumaron varios de los participantes. El día del ensayo, víspera de la final, Rosa María fue la primera en retirarse, para la retina quedó, una representante de España que en actitud de rebeldía y desacato pretendía boicotear la actuación de El Puma y así fue registrado al día siguiente por los diarios.

El contexto, siempre tan necesario, a la hora de entender los porqués de las cosas, fue ignorado, sólo quedó para el recuerdo, la versión dada por la prensa venezolana, nadie pareció notar lo desatinado de la decisión por parte de la organización y la validez de la inconformidad, si se tiene en cuenta que los participantes eran la representación nacional de cada país y cada uno de ellos tan artista como José Luis, ni que dicha medida era tan extravagante como pedirle al ilustre invitado que le hiciera coros a los concursantes, amén de que el evento contaba con un coro propio, por cierto muy bueno.

El segundo hecho, más que curioso, lamentable, se dio en la gran final; fue una falla de índole técnica: cuando Rosa María empezó a cantar, notó que el sonido para voz carecía de rever, efecto éste que es fundamental en las presentaciones con sonido amplificado. Ya la orquesta había acometido la pieza, el público presente la observaba y más de veinte televisoras (una por país) transmitían en directo el evento a decenas de millones de personas en América y Europa. ¿Parar? ¡Imposible! Hubo de apañárselas como mejor pudo. Este hecho sólo sucedió durante la presentación de la representante de España y es de fácil comprobación escuchando la grabación de su actuación ese día y comparándola con las de otros concursantes.

Una vez concluidas las actuaciones, los participantes se congregaron en el gigantesco camerino, donde en una pantalla de televisión fueron siguiendo tarjeta a tarjeta el veredicto de los jurados conforme era emitido y anunciado desde sus respectivos países. El ganador de turno era felicitado y abrazado por los otros concursantes. Muchas congratulaciones para Rosa María, pues su canción Viviré, era de las más votadas, países como El Salvador la daban como ganadora, pasada buena parte del escrutinio las representaciones de Venezuela, España, Portugal y Argentina se iban distanciando del resto de competidores, hasta último momento no había un claro ganador, correspondía a Venezuela decidir la suerte, tal vez por ser el último en orden alfabético, quizás por ser el país anfitrión, conocida está última votación resultó triunfadora la canción “Cuenta conmigo” defendida por el argentino Daniel Riolobos, seguida por “Cuando era niño” de Delia Dorta representante de Venezuela, el tercer puesto le fue adjudicado al portugués José Cid con “Na cabana junto a Praia”, Rosa María Lobo cayó al cuarto lugar al no obtener ni un solo voto por parte de los jurados venezolanos.

Viviré, viviré, viviré, por encima de todo viviré”…

Era eso, se trataba de eso, de ser consecuente con lo cantado, de asumir el día como viene, de plantarle una sonrisa; de envolverse en él, buscando el corazón, poniéndolo por encima de todo; darle nuevas alas y echarlo a volar, arriba, más allá de ilusiones rotas, fallos adversos o errores médicos….una vez más; abrazar la vida una vez más y sonreírle. A Riolobos no paraban de felicitarlo, Rosa María recuerda que sonrió y se fundió con el artista argentino en un cálido abrazo.

Nada que discutir; para la canción ganadora el título y una vitrina en los anales del festival, muy merecido; para “Viviré” y Rosa María Lobo, un nicho a perpetuidad en el corazón de los amantes de su música. Aserto que se constata cada vez que alguien se acerca a la artista asturiana para decirle “Gracias Rosa María, tu canción Viviré, me ha ayudado a sobreponerme a las situaciones difíciles”. Fue bueno después de todo el resultado. Muy bueno.

Por encima de todo análisis, y ya arrancadas tantas hojas del almanaque, queda un hecho indiscutible, “Viviré” es sin ninguna duda la canción más recordada de esa edición del festival, siempre a tener en cuenta a la hora de hacer recopilatorios de los mejores temas que se presentaron en las distintas ediciones.

 “Viviré” es también decir OTI 79 y ambos nombres van ligados de manera indisoluble a Rosa María Lobo.

 Si para Rosa María Lobo, los años aquí relatados, comprendidos entre 1945 y 1980 fueron una lucha permanente por crecer y consolidarse como artista, los siguientes serán una batalla por vivir, y de ellos nos ocuparemos en la segunda parte de su biografía.

                                                              (continuará)
 

Por Gustavo Arias